Discurso 30 años AFUSAM Providencia
Nuestra historia comienza en Manuel Montt 303, en el Centro Dental Prof. Dr. Alfonso Leng, en 1986. Un grupo de funcionarios se reunieron con la intención de formar un sindicato, ya que era necesario proteger los derechos salariales, las prestaciones y las condiciones de trabajo. Las primeras reuniones fueron clandestinas, se reunían en un departamento ubicado en la comuna de Estación Central, en restaurantes de Santiago Centro e incluso en la vía pública con un abogado el cual ayudó a formar el Sindicato. Parte de esta cruzada fueron Eva Núñez (administrativa) y José Salazar (auxiliar de servicio) que lamentablemente, ya no están con nosotros, Alfredo Silva (Odontólogo) y nuestra querida Susana Garay. En una asamblea, entra el director del Consultorio, el Dr. Jorge Marín, quien aceptó escuchar las ideas que se planteaban y discutían, se sentó e invitó a seguir con la reunión. Al terminar solo dijo “recuerden que mañana hay que trabajar”. Días después se acercó y dio su venia, diciendo que no se interpondría, pero que el trabajo no había que dejarlo de lado. Así, nació el Sindicato de Salud de Providencia. Al tiempo después se invitó a integrarse al sindicato a los funcionarios/as del Consultorio Hernán Alessandri y luego a quienes formaron parte del consultorio El Aguilucho.
En el año 1995 la reforma de la salud y la promulgación de la Ley 19.378 genera la disolución de los sindicatos para el área de la salud, dejándonos sin un cuerpo legal de representatividad. Pero muy por el contrario, Providencia no se quedaría tranquila y el 05 de mayo de 1995 se inscribe en la Dirección del Trabajo, la directiva y el listado de socios de la quinta asociación gremial de funcionarios de la salud municipalizada del país, bajo el nombre de Asociación de Funcionarios de Salud Municipalizada de Providencia. De esto, ya van 30 años como Asociación y ad portas de los 40 años de ejercicio sindical y gremial.
En este día es importante destacar que el trabajo no es meramente una fuente de ingresos, sino un pilar fundamental de la dignidad humana y de la vida en comunidad. Por ello la importancia de tener una agrupación robusta, que sea representativa y respetuosa en su diversidad. Nuestra asociación es multicultural, con personas de cada rincón de nuestro país y de nuestro continente, de las diversas religiones y culturas, hay judíos y descendientes de palestinos, de familia militar y de detenidos desaparecidos y, a lo largo de los años, hemos tenido en esta asociación, diversos puntos de encuentro donde todos y todas han podido sentirse parte de un mismo cuerpo, fraterno, comunicativo, cooperador, solidario y amigo. Esto demuestra que quienes representamos a los más de 320 socios y socias debemos saber escuchar e interpretarlos en esta multiculturalidad.
Hoy en día, nuestras luchas están puestas en evitar la cultura de exclusión a todo aquel y aquello que no esté en capacidad de producir según los términos que el liberalismo económico exagerado ha instaurado a través de los años. En este sentido, es en las asociaciones gremiales y los sindicatos donde se encuentran los actores indispensables para una sociedad justa. En palabras del papa Francisco, “los sindicatos son expresión del perfil profético de la sociedad… dan voz a los que no la tienen… desenmascaran a los poderosos que pisotean los derechos de los trabajadores más vulnerables y no hay trabajadores ni trabajadoras libres sin sindicato”. Sin embargo, hay que ser cautelosos, ya que en nuestra historia también hemos visto cómo en las organizaciones gremiales invade la corrupción que a veces convierte a los dirigentes en “pseudopatrones” y los aleja de sus trabajadores.
Es relevante de mencionar que el trabajo no puede considerarse una mercancía ni un instrumento de una cadena de producción, por ello existe el imperativo ético de preservar nuestras fuentes de trabajo y garantizar por siempre, la dignidad. Un ejemplo de ello es la tecnología y la inteligencia artificial que si bien, son instrumentos valiosos que colaboran en la gestión, no pueden traducirse en el descarte de personas si no más bien, en más y mejor empleo.
Finalmente, queremos reconocer en cada uno de ustedes el rol social y la capacidad de entregar sus vidas para sanar a los demás. No existe amor más grande que dar la vida por sus amigos y en ese contexto, ustedes, día a día, entregan cada minuto de sus vidas para llegar a cada persona que tiene distintas necesidades, con el objetivo fundamental de mejorarles la calidad de vida. Esa es nuestra principal misión, no son las metas, no son las cifras, no son los GES… es justamente mejorar la calidad de vida de quienes, padecientes de dolores físicos o espirituales, llegan día a día buscando una cara amiga que les cure su dolor o que simplemente los escuche.
Quisiéramos dejar un mensaje de San Alberto Hurtado, quien adelantado a su época lucho contra una aristocracia que lo acusaba de comunista, cuando sólo abogaba por una justicia social y una sociedad más humana: ¿Sabes el valor de una sonrisa? No cuesta nada pero vale mucho. Enriquece al que la recibe, sin empobrecer al que la da. Se realiza en un instante y su memoria perdura para siempre. Nadie es tan rico que pueda prescindir de ella, ni tan pobre que no pueda darla… Y, con todo, no puede ser comprada, mendigada, robada, porque no existe hasta que se da… Porque nadie la necesita tanto, como las que no tienen una para dar a los demás.

